6 de agosto de 2019
Un Rey Carmesi de 50 años.
King Crimson llego a Argentina para presentarse los días 8 y 9 de octubre de 2019 en el Luna Park de Buenos Aires, para celebrar 50 años con la música.


KING CRIMSON: Interminables 50 años.

King Crimson llego a Argentina para presentarse los días 8 y 9 de octubre de 2019 en el Luna Park de Buenos Aires, celebrando 50 años con la música. 

El tour de conciertos especiales que se realizo en tres continentes diferentes, incluyo a la Argentina para la alegría y miles de fanáticos de la banda de rock progresivo fundada en Londres. 

Desde su regreso en la presentación en vivo del 2014, con entradas completamente agotadas y aclamados por la crítica en todo el mundo, incluidos dos espectáculos de definición en el anfiteatro romano de Pompeii, que anteriormente era el hogar de Pink Floyd, el público ha sido reinventado, tanto como la propia banda. 

“En Pompeii, un gran porcentaje del público eran parejas jóvenes; KC se trasladó a la corriente principal en Italia. Entre en el escenario sabiendo que la posición de esta banda en el mundo ha cambiado de nivel”.

-Robert Fripp. 

Con su quincuagésimo aniversario, parece que el mundo más amplio finalmente está listo para abrazar a King Crimson. Un proceso que comenzó con la muestra de Kanye West de "21st Century Schizoid Man" para su éxito en 2010 "Power", ahora ve su canción "Starless" como la banda sonora de las escenas principales de la nueva película de Nicholas Cage en 2018, "Mandy". 

Los programas de tres horas de la banda incluyen regularmente material de doce de sus trece álbumes de estudio, incluidas muchas de las canciones de su álbum Seminal de 1969 "In The Court of the Crimson King", descripto por Pete Townshend, como una "obra maestra extraña". 

La nueva línea de 8 piezas reproduce muchas ya históricas que Crimson nunca ha tocado en vivo, así como los nuevos arreglos de los clásicos de Crimson: "la música es nueva cada vez que fue escrita". 

También hay nuevos instrumentos y canciones, así como las composiciones de los tres bateristas, Pat Mastelotto, Gavin Harrison y Jeremy Stacey, que son un punto culminante. 

Un espectáculo único, donde ocho de los mejores músicos del mundo usualmente tocan música sin distracciones.

 

 

Primera parte: Rojo

Luego de una entrada difícil, finalmente era el momento, la orquesta estaba lista para empezar a arrollarnos con su tensión, su exactitud, los juegos mentales de sus baterías y, también, con su ternura. De izquierda a derecha: en la línea delantera, las 3 batas, Pat Mastelotto, Jeremy Stacey (también en teclados), reemplazando a Bill Rieflin, y Gavin Harrison sería el trío encargado de ejecutar los ritmos. Detrás de Pat, el gigante Mel Collins en Saxo que, a mi parecer fue de lo mejor de la noche, siguiendo con la segunda línea, el siempre joven Tony Levin en Stick, bajo y contrabajo, Jakko Jakszyk en guitarra y voces y el inmortal Robert Fripp en dirección, guitarra y teclados.

Empezaron jugando con Hell hounds of Krim, calentando motores y provocando una ansiedad que nos sacaba el aire, de repente los 3 percusionistas empiezan a hacer unos arreglos familiares y se escuchan unos acordes, se trata de Neurótica, el placer empieza a hacerse cargo de la noche y el cuerpo a moverse. Le seguirá Suitable Grounds for Blues y luego Collins empezaría a elevar el espíritu luego de que Jakko cantara la introducción de Cirkus.

Terminado el tema del disco Lizard, sería el momento de que la sangre brote y los latidos se hagan más fuertes con la explosiva “Red”, momento que quise registrar y en el que atiné a sacar la cámara de mi teléfono, así fue como tuve unos 10 segundos como mucho para sacar una foto desenfocada y esperar el enfoque para la siguiente, sin éxito, hasta que una luz verde empezaba a golpear mi cara, y me obligaba a guardarla.

Este es el intervalo que empezó a hacer efecto en mí y empezó a liberar emociones, una tras otra, ya que luego de tan frenético tema llegaría la reflexión, la tristeza y la hermosura que supo imprimir Greg Lake (que en paz descanse) a King Crimson en sus comienzos, “Knowledge is a deadly friend” cantaba Jakszyk mientras el septeto ejecutaba una hermosa versión de Epitaph, le seguiría Moonchild con su respectivo juego de cimbales, incitando al silencio, que daría lugar a un ciclotímico Larks Tongue’s in Aspic (Part IV) para seguir con un emocionante Islands, las sensaciones empezaban a brotar, estaba ahí, viendo a King Crimson luego de un largo tiempo para todo fan. Durante el final libre que interpretaron, de esta obra homónima al disco al que pertenece, es imposible que la mente se sienta invadida por los pensamientos.  Llegaba el momento necesario para un receso de 10 minutos.


Segunda parte: I Repeat Myself When Under Stress

Se sentía la necesidad de recibir la otra mitad de la experiencia de la mejor manera,  Krim volvía a los 5 minutos de que el publico tomo nuevamente asiento, Pat, Jeremy y Gavin abrían este set haciéndonos testigos nuevamente de un diálogo arrítmico notable, cuando ves y escuchás a ese trío con su juego de parches y platillos los sentidos enloquecen, la mirada se te desvía de un lado a otro ante los juegos de estas bestias, y no sería el último que tendrían en la noche. Llegaba Easy Money, una canción bastante blusera para calmar los ánimos, lo que duraría un tan solo un momento, ya que vendría la violenta parte 2 de Larks Tongues in Aspic, y de ahí en adelante no había vuelta atrás, empezaríamos a enloquecer con The Court of The Crimson King, el virtuosismo, la hermosura de su ejecución en vivo fue tal que, ante el corte que tiene la obra antes de terminar y empezar de nuevo con un sonido minimal que hace recordar a los 8 bits, fuimos varios los que nos paramos a aplaudir a la banda, sin acordarnos que le quedaba una última estrofa a la canción.

Descarga del trío rítmico nuevamente, jugando con nuestras ganas y nuestro aliento, conversando, contestándose el uno al otro, se turnaban para hacer un redoble cada uno, conversaban con los crash, una seria conversación de entre 8 y 10 minutos, no podía dejar de hipnotizarme por lo que hacían y a la vez no controlaba la ansiedad, ya que sabía que se venía Indiscipline, lo dije, no había vuelta atrás. Siempre preferí la esquizofrenia que refleja la versión hablada por el genial Adrian Belew de este tema, de todas maneras, esta también “me gusssta”, como dice Jakko al cerrar el tema.

Ya hacia la brecha final, nos desgarramos un poco más al escuchar Level Five para dar lugar al comienzo del final, empezaba a sonar la melodía cautivadora de Starless, la emoción era tal, tanto quien estaba sentado a mi izquierda como yo buscábamos un cómplice para comprobar si todo lo que nos había pasado hasta el momento y lo que pasaba ahora era real, nos pasamos la mano, “con esto ya estamos ¿eh? ¿Qué más?” balbuceos. ¿Qué decir de esta hermosa obra de arte?  Yo al menos, quería abrir los ojos para ver el show pero al escucharlo se me cerraban y yo no podía hacer más que cantar y dejarme llevar. La interpretación del tema no desentonó en nada con el resto del recital, una pieza maestra, digna de ser atendida hasta el final, sin embargo, de esta manera noté algo en el silencio que da el corte instrumental de la canción y deja a Levin en su momento exclusivo, tornando el aire tenso con su bajo, en un momento, Tony tocó algo en su consola que hizo que el sonido de su bajo cambie y se ponga aún más grave, varios lo notaron, pero como dijo uno de los señores con los que hablé mientras esperaba el 152 a la salida “solo él sabrá qué habrá pasado exactamente”.

Luego de una pausa, el septeto de Fripp vuelve una vez más y llegará el cierre de telón con 21st Century Schizoid Man, llevando el grado de euforia aún más allá, logrando que se escuchen las voces del público, Harrison incluyendo un último solo de bata, coronando una noche en la que pasé por todos los estados, desde emocionarme hasta las lágrimas hasta, irónicamente, un poco de la paranoia de la que habla este tema que fue el que dio reconocimiento en un principio a este ciclotímico, emotivo, esquizofrénico, tenso, desgarrador, enorme y monstruoso colectivo musical llamado King Crimson.

Poco tiempo le quedaba a mi viaje, después de lo vivido uno se pregunta qué otra experiencia podrá ser tan poderosa como la pasada. Esa misma noche conocí y compartí unos tragos con Gerardo, un hombre que vende sus cosas por Avenida Santa Fe.

Me levanté la siesta del miércoles, me dirigí hacia el Mercado de Pulgas, pero antes de llegar decidí entrar al Bar Dorrego ubicado por la calle del mismo nombre, un muy lindo bar con temática cubana. Allí disfruté de unas cervezas artesanales y, más tarde, una picada en lo de mi anfitrión con el que conversamos un poco de cine, series, política, Maradona y, cómo no, imposible de soslayar, del tremendo recital que habíamos vivido la noche anterior. Poco más tarde, por la noche, la terminal de Retiro ya me aguardaba para empezar a devolverme a Tierras chaqueñas, demostrando que King Crimson es universal.

Por Sebastián Andrés Sánchez



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